Por Roberto Coria

Termino mi pausa mórbida. Si alguien ha sabido comprender la esencia de la monstruosidad, saberse ajeno a lo que las personas llaman normal, es el escritor, artista plástico y cineasta inglés Clive Barker. En muchas formas es el personaje de su novela Cabal, publicada en 1988. En ella Boone es un joven mentalmente perturbado que sueña con un lugar llamado Midian, un sitio idílico donde los monstruos conviven en armonía lejos del escrutinio e incomprensión de los hombres. Su psicólogo Decker se vale de su inestabilidad para ocultar su oficio secreto: es un sádico asesino en serie que lo usa como chivo expiatorio. Pero el héroe eventualmente descubre que pertenece al lugar de sus sueños. Es, como el mismo Barker, los Fenómenos de Tod Browning y como los lectores de este espacio, “uno de nosotros”. Curiosamente, Barker encuentra menos perturbadores a sus seres, pues a diferencia de los mostrados en la cinta de 1932 son enteramente un producto de la ficción.

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El texto fue la base para la película que Barker dirigió en 1990, Nightbreed (fue conocida como Raza de la noche, si mal no recuerdo), donde Boone fue interpretado por Craig Sheffer y Decker por el canadiense David Cronenberg. Y la idea se repite: los habitantes de Midian, si bien son grotescos a los ojos de la normalidad, no son perversos ni causan mal a nadie. Quien verdaderamente ocasiona horror es el personaje de Cronenberg, quien se escuda tras su posición y aspecto respetable para cometer las más atroces acciones. Aunque la cinta tuvo una muy pobre respuesta en taquilla –costó 11 millones de dólares y recaudó 8-, con el paso de los años alcanzó una estatura de culto. Uno de los aspectos a su favor fue la inspirada partitura de Danny Elfman –músico de cabecera de Tim Burton- y el logrado maquillaje diseñado por Paul Jones que nos presentó a seres tenebrosos y encantadores: el patriarca Lylesberg (Doug Bradley), el rudo Peloquin (Oliver Parker), la puntillosa Shuna Sassi (Christine McCorkindale), el sombrío Leroy Gomm (Tony Bluto), el demoníaco Devil Lude (Vincent Keene) y el ya mítico Kinsky (Nicholas Vince), apodado cariñosamente por los aficionados como cara de luna.

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Este último fue visto deambulando en la pasada entrega de Mórbido –gracias al talento de Alfredo García y la buena disposición de nuestro programador Abraham Castillo- con motivo de la exhibición de Nightbreed: the Cabal cut (2012), composición que el académico y cineasta Russell Cherrington hizo empleando escenas eliminadas recuperadas de cintas VHS y partes del metraje original. El resultado fue extraño y cautivador, un emotivo viaje a la adolescencia de muchos. Al final la historia es, como lo pensó Barker en su momento, “una celebración a los monstruos y sus realizadores”. Esta es una película imprescindible que, dada la calidad de las recientes adaptaciones de la obra del autor, no me disgustaría ver reelaborada.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor en materia literaria de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.