Lo afirmo categóricamente: el mito de la licantropía –al menos en las bellas artes- ha tenido sus mejores momentos gracias a la oscuridad del cine. Esto sin duda por las inmensas posibilidades tecnológicas que el medio ofrece, sobre todo en sus secuencias de transformación y en las que brillan maestros como el laureado Rick Baker. De las incontables aportaciones que el séptimo arte ha hecho en los últimos años, desde las indispensables Aullido (Joe Dante, 1981) y Un hombre lobo americano en Londres (John Landis, 1981), hasta sus apariciones en El Gran pez (Tim Burton, 2003), Harry Potter y el prisionero de Azkaban (Alfonso Cuarón, 2004) y la ya excedida saga Inframundo (inaugurada por Len Wiseman en 2003), destaca una modesta producción británica titulada en español Luna llena (Dog soldiers, Neil Marshall, 2002), la cual –según yo- no tuvo exhibición comercial en México y llegó directamente al mercado del DVD –todavía puede comprarse a un precio ridículo en algunas cadenas de supermercados-. Convencido de sus virtudes, me la presentó mi buen amigo Rafael Aviña, entusiasta y experto del cine de horror. Tenía absoluta razón. Su premisa es simple. De hecho narra un drama de supervivencia que conocemos muy bien: en nuestra época, un grupo de soldados ingleses realiza un ejercicio en una extensa boscosa y antes que alguien grite “hombres lobo”, los milicianos luchan por sus vidas contra estos monstruos, atrincherándose en una cabaña que nos recuerda mucho a La noche de los muertos vivientes (George Romero, 1968). A pesar de su armamento y preparación, poco pueden hacer ante el enemigo. Los efectos de maquillaje y el diseño de sus lobos antropomorfos tienen una notable influencia de los monstruos de la película de Joe Dante y están realizados con gran dignidad y economía. Ante la escasez de recursos debe explotarse el ingenio. Al igual que el Alien (1979) de Ridley Scott, las bestias aparecen brevemente, algunas veces como siluetas, solamente lo necesario para causar angustia en el espectador. Y lo logran. La cereza en el pastel es ese guiño al diletante de los periódicos amarillistas. Definitivamente es una película que podemos disfrutar y estamos obligados a ver.

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