Su último saludo al escenario

No es la primera vez que uso el título que Sir Arthur Conan Doyle dio a la colección de relatos –y a uno de ellos- que cierran el ciclo de las aventuras de su hijo más reconocido. En los albores del nuevo milenio se cristalizó un proyecto fílmico que llevaba 16 años en gestación –que pasó por incontables manos- y significó no sólo la madurez de la presencia de los superhéroes en la pantalla grande, sino que dio cimientos a una multimillonaria euforia que se encuentra muy vigente en nuestros días. El sexto largometraje de Bryan Singer, Hombres X (X-Men, 2000), una adaptación de las aventuras de los personajes –en su mayoría- ideados por Stan Lee y Jack Kirby, se convirtió en un suceso por múltiples razones. Una de ellas fue la presentación en la gran industria estadounidense del australiano Hugh Jackman. El dio vida al cuasi indestructible Wolverine –le llaman en algunos lugares Lobezno, Guepardo o Glotón-, creación de Roy Thomas, Len Wein y John Romita –padre-. Y en perspectiva fue una gran elección, pues en el pasado se contempló para ello al difunto Bob Hoskins, protagonista humano de ¿Quién engañó a Roger Rabitt? (Robert Zemeckis, 1987). La carrera de Jackman prosperó desde entonces y lo llevó a transitar por una gran cantidad de géneros –como el thriller, el drama y el musical-, cuyos papeles lo han hecho merecedor de nominaciones a importantes premios por su desempeño actoral –en 2013 ganó el prestigiado Globo de Oro por interpretar al ladrón redimido Jean Valjean en Los Miserables de Tom Hooper-. Y esta vez no nos concierne su paso por los escenarios teatrales. Pero todos esos roles siempre se han encontrado a la par de su fascinante héroe con garras de adamantium.

Jackman se convirtió en una presencia constante en la franquicia y lo hizo en 5 ocasiones más: X-Men 2 (Singer, 2003), X-Men: La batalla final (Brett Ratner, 2006), X-Men Orígenes: Wolverine (Gavin Hood, 2009), Wolverine: Inmortal (James Mangold, 2013), X-Men: días del futuro pasado (Singer, 2014) y tuvo fugaces apariciones en X-Men: primera generación (Matthew Vaughn, 2011) y  X-Men: Apocalipsis (Singer, 2016). El martes lo vi encarnar a Wolverine por última ocasión de una manera conmovedora y poderosa, en una historia hecha a la medida. Decidió irse en el momento correcto, en la cúspide. De hecho, ya se había tardado. ¿Cuánto tiempo más podría un actor de 48 años –tenía 30 cuando lo hizo por primera vez- encarnar a alguien cuyas células se regeneran velozmente y envejece más lento que el resto de las personas? Seguirlo haciendo, sería como si pidieran a Brad Pitt –hoy de 53 años- que repitiera al vampiro Louis que hizo en Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994). La vejez es inclemente y nos alcanza a todos.

Con declaradas influencias de las series de cómics Old man Logan de Mark Millar y Steve McNiven y Weapon X de Len Wein y John Romita, padre, el guión de Scott Frank, Michael Green y James Mangold –confeccionado a partir de una trama imaginada por él-, nos sitúa en el año 2029, donde los mutantes prácticamente se han extinguido y James “Logan” Howlett (Jackman) lucha para sobrevivir ocultando su verdadera esencia, consumido por su alcoholismo y sus postergadas intenciones suicidas. Asume los cuidados de su avejentado mentor Charles Xavier (Sir Patrick Stewart) y la misión de proteger a Laura (la debutante Dafne Keen), una misteriosa niña de once años a la que siniestros poderes desean capturar a toda costa. Inician pues un drama que oscila entre el road movie y el western, como bien anuncian las escenas de la clásica cinta Shane (George Stevens, 1953). El resultado es algo completamente diferente a todo lo que conocimos en la saga y no se molesta en seguir estrictamente su continuidad.

Nos encontramos ante situaciones y atmósferas decadentes, casi apocalípticas, con momentos verdaderamente sangrientos. Las cuchillas de Logan atraviesan cráneos y amputan miembros sin contemplaciones, razón por la que sus exhibidores le dieron la temible clasificación “C”. Una pieza importante fueron las páginas arrancadas de las historietas y emulan las del popular Uncanny X-Men, para las que la producción de la película recurrió al experimentado Joe Quesada, quien el su blog expresó su sentir. “Hugh Jackman no podría haber dicho adiós a Wolverine de una manera más potente y punzante. Y James Mangold simplemente lo lanzó de una forma limpia fuera del parque. Estoy muy honrado y halagado por haber sido elegido para ser una pequeña parte de esta película”.

Este no fue un adiós. Hugh Jackman se fue, pero estoy seguro que volveremos a ver a Wolverine. Sucederá antes que pasen 15 años, en el instante que Marvel Studios –flamante posesión de la poderosa empresa Disney- recupere los derechos cinematográficos de los mutantes, tal como lo hizo con El Hombre Araña –para integrarlo a su Universo Fílmico- y seguramente lo hará con Los 4 Fantásticos. Es sólo cuestión de tiempo si pensamos en la cantidad obscena de dinero que puede hacerles ganar. Hollywood no se distingue por dejar descansar a sus muertos. Lo cierto es que Jackman deja unos enormes zapatos por llenar y la cinta de Mangold sienta un parámetro muy alto para los futuros proyectos de su tipo.

Por lo pronto me quedo con lo dicho por la pequeña Laura, la potencial heredera de la llama. “Ahora corre a casa. Ve con tu madre y dile que todo estará bien, que ya no hay pistoleros en el valle”, epitafio estupendamente coronado por la canción The man comes around de Johnny Cash.

Una cuestión más. Haciendo a un lado cualquier apasionamiento, sin que medie mi enorme afición por el género, en un mundo donde Escuadrón Suicida (David Ayer, 2016) ganó un premio por un nada sobresaliente maquillaje, Logan merece estar nominada –en al menos una categoría mayor- en los Premios de la Academia de 2018.

Sólo me queda por darle las gracias a Jackman por tantas emociones. Es hora de secar nuestras lágrimas.

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas del país. Es asesor literario de Mórbido. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido en un programa radiofónico. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del que anteriormente era conocido como Distrito Federal.