Los 70 ya no son como antes

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Por Daniel Solano

Los 70’s fueron una especie de Edad Media moderna. Un limbo entre el glamoroso pasado de la edad dorada, la fantasía de la modernidad y el despertar de una nueva era que sería el inicio de muchos cambios dramáticos en la humanidad. Una época que bajo el destello despampanante de la esfera disco y la lentejuela, escondía monstruos en la penumbra. La sonrisa americana se desvanecía; la desilusión y la depresión que aguardaban bajo la cama, sacaron las pezuñas. Regresaron.

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En los años 60 las economías de los países que habían salido de la Segunda Guerra Mundial se habían recuperado. Alemania y Japón alcanzaban niveles particularmente altos. La competencia entre los países capitalistas se hizo muy dura y desembocó en una crisis del sistema en los años 70. La década de los años setenta […] resultaron particularmente difíciles para EE.UU. Una onda larga recesiva, que comenzando en ese periodo 1969-1971, se extendió hasta los primeros meses de 1984, sacudiendo a la economía norteamericana, como no se recordaba desde los años treinta. [1]

No es de sorprenderse que esto generara, entre otras cosas, un desenvolvimiento psicosocial y cultural muy diferente a lo visto antes. Los monstruos en la penumbra comenzaron a salir, pero eran diferentes; no había una codificación clara al respecto. ¿Cómo reconocer a un monstruo si antes, para identificarlo, era suficiente que tuviera colmillos, mucho pelo y orejas puntiagudas? No, estos eran monstruos comunes… parecían gente normal.

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 Los 70’s fueron una de las décadas con más asesinos seriales en la historia de Estados Unidos, con algunas de las masacres más horribles y las motivaciones más siniestras: El “Asesino del Alfabeto”, quien raptaba niñas que tenían las iniciales de sus nombres y apellidos iguales, las violaba y asesinaba, dejándolas en una ciudad que tuviera la misma letra; David Berkowitz, mejor conocido como “El hijo de Sam”, declaró que un demonio que poseyó al perro de su vecino le ordenó cometer los asesinatos; Kenneth Bianchi y Angelo Buono, “Los asesinos de la colina”, quienes llevaban a mujeres a su casa en su carro policía camuflado, donde las torturaban y luego asesinaban; Ted Bundy, quien con su brazo enyesado o fingiendo problemas para arrancar su Volkswagen, pedía ayuda a mujeres y de esta manera llegó a asesinar hasta 100; John Wayne Gacy, “Pogo, el payaso asesino” quien mató a 33 hombres y enterró a la mayoría en el sótano de su casa; Robert Garrow, asesino y violador, con un historial de zoofilia con los animales de granja con los que trabajó a lo largo de su niñez y que realizaba masturbación sadomasoquista con las máquinas de ordeño; Edmund Kemper, “El asesino de las colegialas”, quien representaba rituales sexuales con las muñecas de sus hermanas y llegó a decir que, para besar a una maestra por la que se sentía atraído previamente tendría que matarla; Randy Steven Kraft, quien torturó y abusó de múltiples adolescentes (muchos de ellos homosexuales) quemándolos con un mechero de coche; Henry Lee Lucas y Ottis Toole: el primero, un sádico con predilección a torturar mujeres y que desde la infancia relacionó el sexo con la muerte, y el segundo, un caníbal con filia sexual al fuego que se masturbaba al provocar incendios y ver gente arder;  Herbert Mullin, quien escuchaba una voz interior que le decía que sólo matando gente podría salvar de un terremoto inminente a California; Dennis Rader o el “Estrangulador BTK”, letras correspondientes a Bind, Torture and Kill ('Atar, torturar y matar' en español), describiendo así su modus operandi; y Gerald Stano, quien mató más de 40 mujeres, la mayoría prostitutas y autoestopistas. Estos son sólo algunos de los más famosos y “prolíficos” asesinos de la época.

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El 13 de noviembre de 1974, también Ronald DeFeo Jr., de 23 años, asesinó a toda su familia (su padre Ronald, de 44 años; su madre Louis de 43  y sus hermanos Dawn de 18 años; Allison de 13 años; Mark de 12  y John, de 9 años) mientras dormían en sus camas, con un fusil de gran calibre, cerca de las 3:15 de la madrugada: La masacre de Amityville. El 26 de Diciembre de 1973, poco menos de un año antes, se estrenaba El Exorcista.

Los 70’s fueron una época arriesgada en el cine pues surge el boom del cine experimental. ¿Cómo podía ser de otra forma si la vida entonces era monstruosa, desaforada, desgarradora, terrible, caótica; contradictoria?

Como mencioné cuando hablé de El Resplandor, el cine de terror en los 70’s es de los más potentes y descarnados. Es crudo, directo, sin maquillaje. Muestra la decadencia del alma humana como no se había visto antes. Aunque en los 60’s ya se venía gestando el nacimiento del slasher – inclusive desde Psicosis– es aquí donde verdaderamente tiene el principio de su madurez (la realidad misma ya era una película slasher). De tal forma, es el periodo donde se teme menos al monstruo que te chupa la sangre, o del que debes huir cuando hay luna llena, y más al psicópata que escapó del psiquiátrico (Halloween), y a la familia de pueblerinos que viven muy cerca de donde enterraron a tu abuelo y gustan de hacer máscaras de piel humana (La masacre de Texas).

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Hacia el final de los 70’s, en 1977, hace 39 años, aconteció el llamado “Amityville de Londres”, el Caso Enfield, en el cual se basa la película El Conjuro 2, el cual es mi pretexto para hablar de lo que acontecía en los 70’s y cómo sucede ahora. Más que dar una opinión detallada sobre la película, hubo una escena que detonó toda esta reflexión. Cuando Janet se posesiona del demonio en media entrevista, el juego en su tono de voz y la dinámica que se plantea, me hicieron recordar la escena en la que Regan poseída habla con su psiquiatra, en El exorcista, el mayor referente de El conjuro 2 y para pronto, con cualquier película que quiera hablar de posesión. Después de 43 años, a pesar de lo que se diga, observar a una niña de 13 años poseída por Satán, auto empalándose con un crucifijo y obligando a su madre a hacerle sexo oral para después azotarla de un golpe brutal, es algo que sigue causando escozor. Y no se trata de que una película sea buena o no, o tenga más agallas o no en cuanto a qué tan sangrienta o explícitamente sádica y sexual pueda ser, sino lo que está diciendo del momento en que fue conceptualizada, qué nos dice de la época y con qué fines fue hecha; cómo conversa con la historia del cine y lo que involucra dentro y fuera de las salas en la psique de un pueblo formando su identidad.

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Algo que no podía dejar de pensar, por sobre todo, al ver El Conjuro 2 es lo poco arriesgada que es. Porque sus excesos no la hacen arriesgada, sino todo lo contrario. Es una película hecha para que al público que le gustó El Conjuro, pudieran encontrar en la segunda parte todo servido al doble: El Conjuro 2: ¡Con más monstruos! Y todo a más. Más sustos, más brincos, más chistes, más “romance”. Si alguna vez los Warren fueron personajes dignos, no son ahora sino caricaturas empalagosas.

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El Conjuro 2 nos muestra unos 70’s prefabricados. Vemos el diseño de época, vemos los peinados en capas con mucha secadora. Escuchamos a Elvis. Pero todo asemeja esos vestidos de papel que superpones en muñecas recortadas para jugar; planas, de cartón. Toma referentes de clásicos del cine de terror, pero sólo agarra el look, sin la esencia. Es un hecho que no se puede trasladar a una película actual el sentir de una época, y menos el de una época tan convulsa como los 70’s. Es una magia casi imposible. Pero al final, los 70’s son un pretexto. Son una ambientación digerida de la época. Ahora, ¿cómo trasladar a una película actual de terror, ambientada en los 70’s, un indicio de lo que significó un evento en aquel entonces y cómo espejea con nuestros monstruos en la penumbra? Que la gente lo sienta en la carne, que sienta la desolación de la humanidad, que pierda la fe en ella y no tema de una monja diabólica injustificada que saltará de las sombras y le dará un susto orgánico imprevisto, sino de lo que siempre ha estado ahí y que se parece mucho a alguien en quien podríamos confiar. Que se parece mucho a nosotros. A ti.

[1] Giribets Martínez, M. (2009). Algunas consideraciones sobre la crisis actual del capitalismo. Edición electrónica gratuita. Recuperado de www.eumed.net/libros/2009c/599/