Festejos lovecraftianos

Posiblemente, al igual que casi todos, usted esté agobiado por la situación que atravesamos. Como si se tratara de un antídoto, olvidémosla por un instante y concentrémonos en dos ocasiones afortunadas: hoy es el añejo Día de la Candelaria, ocasión celebrada en muchos países pero que en nuestros rumbos nos permite atiborrarnos sin remordimientos de suculentos tamales de todos tipos y sabores. También estamos a punto de recordar el 80 aniversario luctuoso de Howard Phillips Lovecraft, autor influyente al que debemos mucho. El hijo pródigo de Providence, Rhode Island, será objeto de muchos homenajes alrededor del mundo. Soy afortunado en formar parte de uno de ellos, que ocurrirá durante la 38 octava emisión de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. En él participarán varios sospechosos comunes de este mundo Mórbido. Pero sobre ello, abundaré en algunas semanas.

Para abrir boca, mencionaré uno de sus matrimonios más insólitos, el que provocó que me acercara a su oscura narrativa cuando era sólo un adolescente. Lo debo a la sabia decisión de la extinta Imevisión de traer a las pantallas nacionales una caricatura titulada Los verdaderos Cazafantasmas. Su vínculo con la inolvidable –imposible de superar- película que Ivan Reitman dirigió en 1984, pese a las diferencias de aspecto de sus protagonistas pero confirmado por su logotipo y el inconfundible tema musical de Ray Parker, Jr, fue refrescante considerando a la nefasta y oportunista Los Cazafantasmas (donde salían dos tipos poco inteligentes, un gorila con sombrero y un coche con cara) hecha por la productora Filmation, responsable del clásico He-man y los Amos del Universo, que pretendía lucrar con su buen nombre.

Los verdaderos Cazafantasmas tuvo una vida de 7 temporadas y 147 episodios los cuales, al revisar los títulos de su listado, me trajeron los recuerdos más gratos. Todos son relevantes para los adeptos del horror y la fantasía. ¿Cómo olvidar a su primer gran enemigo El Espantaniños (el Boogieman, símil del Monstruo del Clóset), con su cabezota, su gran nariz y sus patas de macho cabrío? ¿O al Duende de los Sueños (el Sandman del folclore europeo), con su capucha y su saco de polvos para dormir? ¿O a la inocente viejecita Sra. Rogers, dueña de un canario y una casa terroríficos? ¿O el capítulo que retoma lo sucedido después de la película y nos muestra cómo trabaron amistad con el verdoso y glotón Pegajoso? ¿O la aparición del nefasto Walter Peck (interpretado en la cinta por William Atherton)? ¿O cuando conocieron al mezquino Ebenezer Scrooge de Charles Dickens y alteraron la Historia? Y no hagamos a un lado el enfrentamiento entre hombres lobos y vampiros en la aislada Lupusville. Nostalgia pura. Y su doblaje al español contribuyó a su grandeza, con las voces de Yamil Atala, Martín Soto, Pedro D'Aguillón, Jr. y Gonzalo Curiel, Jr. como Peter Venkman, Egon Spengler, Ray Stantz y Winston Zedemore, respectivamente.

Inspira estas líneas el episodio 45 de su segunda temporada, El libro mágico (en inglés se llamaba La llamada por cobrar de Cathulhu), escrito por Michael Reaves, donde nuestros héroes investigaban el robo del mítico Necronomicón que se exhibía en la Biblioteca Pública de Nueva York. Esto los obligaba a viajar a Akham, Massachusetts, para pedir ayuda a la Profesora Alicia Derleth de la Universidad de Miskatonic. La agrupación intentaba detener a una secta que buscaba revivir al gran Cathulhu (así, con una “a”) y viejos cómics les daban la clave para derrotarlo.

La película y la caricatura despertaron un auténtico furor que se extendió a la industria discográfica, los videjuegos, los juguetes, las historietas, una desigual secuela (en 1989) y otra caricatura, Los Cazafantasmas al extremo que tuvo una efímera existencia pese al intento por mantener viva una redituable franquicia y en la que un Egon cuarentón dirigía a una nueva generación de investigadores de lo paranormal. No hablaré por ahora de su tan cuestionada versión femenina estrenada el año pasado y que, según su principal artífice Paul Feig, no contará con el beneficio de una continuación.

Pero regresando a lo importante, el ejemplo que uso como pretexto valida algo que todos sabemos muy bien: Lovecraft es eterno y tiene vidas inagotables.