El Show de Terror de Rocky: Demasiado viejo para la nueva revolución sexual

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Atrévete a salir de los parámetros caducos de los años cincuenta –de donde parecen salir Brad y Janet–. Salte del molde. Pasa al otro lado. En la noche podemos ser lo que queramos. Podemos (y queremos) maquillarnos, usar corsés, medias de red y tacones rojos altos. Siéntete sexy. Pintemos el mundo de rosa para mantenernos a salvo de los problemas y el sufrimiento. No lo sueñes, ¡hazlo!

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A 41 años del estreno de El Show de Terror de Rocky, su impacto sociocultural ha tenido un efecto bola de nieve: pasó de ser una comercialmente fallida comedia musical de terror a un freak show en vivo y fenómeno de culto ascendente a lo largo de los años, hasta finalmente volverse referente obligado –y explotado– del mainstream, como ya pudimos ver en la nueva versión de la misma, transmitida hace poco, muy al estilo Glee, o un Vaselina Especial Halloween.

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En su momento, El Show de Terror de Rocky representó un búnker para todas las personas pertenecientes al planeta transexual: lesbianas, gays y transexuales; grupos que, aunque comenzaban a mostrarse más abiertamente, seguían en gran medida invisibilizados por la realidad política y social dominante.

La revolución sexual ya había dado sus primeros golpes en los años cincuenta, y para 1975, fecha en que la película fue estrenada, seguía dando y ganando batallas en materia de identidad de género, orientación sexual y respeto a otras formas de vivir y asumir la sexualidad, pero aún quedaba un largo trecho por recorrer.

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Hoy estamos en el año 2016 y se habla de que vivimos una segunda revolución sexual. Y, como en toda revolución, hay traiciones, muertes y sangre. Vivimos una realidad caótica y crítica en muchos términos, y el ámbito sexual no es excepción: transexuales, transgéneros, intersexuales, homosexuales, lesbianas y asexuales siguen buscando visibilidad y reconocimiento; paralelamente, personas homosexuales se niegan a ser integradas en una comunidad que consideran plagada de clichés y estereotipos, mientras otros critican la propia homofobia de gran parte de ellos, afirmando que lo que empezó como una batalla por la inclusión de “lo diferente” terminó por convertirse en una comunidad –si puede nombrarse aún así– que muchas veces podría resultar más clasista, homofóbica y violenta que la heterosexualidad conservadora imperante a la que alguna vez se enfrentaron. No existe una conciencia histórica.

 

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Masculinidad, femineidad, género, sexualidad e identidad son términos mutantes propios de una antropología que día a día encuentra, descubre y analiza nuevas cuestiones.

Las siglas LGTTB –que designan colectivamente a los citados grupos– cambian de extensión lo más rápido que pueden, tratando de acoplarse vanamente a las identidades de género de un mundo que, como lo indican los tiempos, cada vez más se niega a ser clasificado. De cara al transhumanismo, la fusión del hombre con la máquina, las nuevas identidades que surgen en medio y las nuevas formas de reconocer la propia sexualidad, no es posible hablar más que de la propia liberación: lo que sentimos hoy respecto al mundo y cómo queremos tener sexo con él –o no tenerlo– cada uno de nosotros. Y tal vez mañana queramos algo diferente.

 

¿Qué buscamos sexualmente en el 2017?

 

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En el momento sociocultural en que surge El Show de Terror de Rocky, tal vez el espectro sexual era más estrecho, reconocible y clasificable; tal vez apenas venían incubándose otras formas de identificarse y reconocerse sexualmente. De cualquier forma, una adaptación actual de dicho clásico de culto no tendría por qué ser un motivo para sólo actualizar medias de red y corsés por unos de diseños más exóticos, sino un abordaje más conceptual sobre la revolución sexual del día de hoy (sin por ello dejar de ser fresco, desenfadado y divertido).

En ese sentido, El Show de Terror de Rocky responde a su tiempo. Fue parte del engranaje de liberación y es una de las razones por la que los fans la aman. Seguramente seguirá siendo un icono de varias generaciones y material de estudio por muchos años, aunque su nivel transgresor, naturalmente, disminuya cada vez más. Actualmente, lo que sería interesante ver es una adaptación en la que nos pusiéramos a pensar qué es lo que buscamos para liberarnos sexualmente en un mundo en apariencia cada vez más abierto y multi opcional; una vorágine de sexualidad y opciones; en contraste con un regreso al conservadurismo supremo –léase la situación política mundial actual– y no un remake deslactosado, pulcro y limpio, no el Rocky de decadencia glossy, sucio, puerco, espontáneo y honesto que nos conquistó y nos motiva a reflexionar sobre nuestra vida sexual hoy por hoy.

 

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