De Carcosa a Gringo Viejo: Ambrose Bierce

Por: Agustín Galván

"Existen diversas clases de muerte. En algunas, el cuerpo perdura, en otras se desvanece por completo con el espíritu.”

-Ambrose Bierce, Un Habitante de Carcosa-

Resulta que al escritor, periodista y editor norteamericano Ambrose Bierce (1842-¿1914?) lo apodaban “Bitter Bierce”. Traducido, sería algo así como “Bierce el amargado”. La intención, creo, era sacarle jugo a la semejanza fonética del apodo con la expresión bitter rice, o 'arroz amargo'. Dicha expresión no es más que un juego de palabras proveniente de la expresión italiana: riso amaro. Riso, en italiano, se refiere tanto a la 'risa' como al 'arroz'. Por ello, el término riso amaro, que de entrada significaría 'arroz amargo', también podría entenderse como 'risa amarga'.

Como sea, seguramente tan juguetón apodo no molestó al nacido en el condado de Meigs, Ohio. A fin de cuentas, de haber tenido una lápida seguramente hubiésemos leído en ella esa frase, que varios biógrafos apuntan, no se cansaba de repetir: “nada importa”.

ambrose_bierce

Bierce, décimo de trece hijos, fue educado por una pareja de granjeros calvinistas que no dudaron en fomentar en sus hijos el amor por la lectura, por la escritura, por el trabajo y por su país. Irónicamente, todos esos “amores” sólo lograron que el joven decidiera distanciarse de su pasiva y conservadora familia para buscar algo más que palabras e ideas.

Con quince años a cuestas, comienza a trabajar como ayudante en la imprenta de un pequeño periódico de Ohio; además de declararse agnóstico y definirse como un “idealista en una cruzada personal por la verdad”.

Para mediados de 1860, a los días en que el presidente Lincoln lanzara la proclamación para alistar a voluntarios, Bierce dejó su trabajo en la imprenta para enlistarse en el 9° regimiento de infantería de Indiana, en el Ejército de la Unión.

Su carrera militar duraría once años y meses, y durante ese tiempo se convertirá en héroe de guerra por su destacada participación en al menos dos batallas claves de la Guerra Civil: la batalla de Shiloh y la de Rich Mountain.

Durante esos once años y meses, Bierce vive de primera mano las incongruencias entre el idealismo, el heroísmo y la siempre truculenta realidad. Las páginas de sus diarios, algunos publicados luego de convertirse en un destacado intelectual norteamericano, están llenas de cuestionamientos sobre las vilezas que protagonizó y atestiguó. Vilezas que sólo sirvieron para dilapidar los ideales de tantos jóvenes de ambos bandos que decidieron dar su vida por una causa la cual creían verdadera.

Y mientras Bierce gana fama como héroe de guerra, en sus diarios comienza a llamar dirty war a la Guerra Civil. Es por esos años en los que inicia la escritura de uno de sus relatos más famosos: Un suceso en el puente sobre el río Owl.

georgetown_1861

El personaje principal del relato es un campesino llamado Peyton Farquhar. Un grupo de soldados está a punto de ahorcarlo luego de enterarse que él reparó el puente que ellos habían saboteado. Farquhar, ya con la soga en el cuello, no se arrepiente de su decisión. Piensa en su familia y en sus motivos, y justo cuando uno de los soldados lo lanza al vacío, se imagina qué haría si pudiera escapar. A dónde correría, hasta dónde llegaría. Deseos de un moribundo que, ya con el cuello roto y exhalando su último aliento, logra engañarnos relatando un destino que no es el de pudrirse bajo un puente de madera que volverá a ser saboteado.

Su paso por la milicia lleva a Bierce hacia San Francisco, que fue donde se da de baja. Ahí inicia su carrera periodística como columnista de al menos cuatro diarios locales: The Argonaut, The San Francisco News Letter, The Californian y The Wasp.

Gracias a sus ácidas opiniones vertidas en cada texto que le publicaron, Bierce se convierte en figura pública que inspira tanto odio como amor. Y así es como gana, a pulso, tan juguetón apodo: “Bitter Bierce”.

Aquellos primeros textos periodísticos destacan por su marcada ironía y por su demoledora crítica a la doble moral tanto norteamericana como californiana. Esas opiniones además de meterlo en uno que otro lío legal con algunos grupos de poder de la localidad, llama la atención de uno de los grandes empresarios mediáticos de aquellos años, William Randolph Hearst, que no duda en ofrecerle el puesto de columnista y editor del San Francisco Examiner.

Bierce acepta. Es durante ese periodo cuando inicia su quizá corta pero destacada carrera literaria. Sus primeros relatos aparecen en 1889. Todos ellos estuvieron inspirados en su convulsa experiencia militar. Ninguno bajó la guardia en cuanto a sus cuestionamientos sobre los conflictos con el honor, el patriotismo y la justicia; además de dar cuenta de la fiera dentellada que da siempre la deshumanización tras una experiencia como el ser veterano de una guerra.

"There's four kinds of Homicide", escribió Bierce. "[...] felonious, excusable, justifiable and praiseworthy."

Bierce citó a Edgar Allan Poe, a Herman Melville y a Nathaniel Hawthorne como sus mayores influencias literarias. De cada uno, dijo, aprendió sobre esos abismos que existen en las almas de cada hombre y mujer que camina sobre la tierra. Y también sobre los alcances del mal que los hombres se hacen a ellos mismos.

Para 1891, Bierce deja atrás los temas bélicos para experimentar con el Horror Cósmico, que conoció gracias a los relatos de Algernon Blackwood y de Edward Plunkett, mejor conocido como el “Barón de Dunsay”.

A diferencia de otros tipos de relatos de horror, el llamado Horror Cósmico, que por cierto dio pie a una filosofía llamada Cosmicismo, ensaya sobre la creación de nuevas mitologías en las que el hombre simplemente es un espectador de lo que acontece alrededor suyo. Un espectador al que la experiencia de conocer cuál es el origen de la humanidad o los límites de eso que llama realidad, acabarán enloqueciéndolo.

Un Habitante de Carcosa, incluido en la colección Can Such Things Be? de 1893, queda como su mayor incursión en el Horror Cósmico. Estamos ante un relato quizá corto pero contundente en el que el último hombre sobre la faz de la tierra despierta tras un coma sólo para enterarse que no hay nadie más vivo y para contemplar, posiblemente como parte de un sueño premonitorio o en una macabra realidad, las ruinas de esa ciudad en la que habrá de morir: Carcosa.

bierce-3

Años después, Robert W. Chambers tomaría prestada la ciudad para situar en ella las historias que componen El Rey Amarillo, y que sirve como antecedente de la destrucción que el personaje del relato de Bierce contempla.

En el corazón de los mitos de Cthulhu, de H.P. Lovecraft y compañía, Carcosa es una y muchas cosas: una ciudad perdida, una ciudad habitada y hasta una ciudad encontrada. Inclusive en La Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin hay un lugar para una Carcosa en uno de sus mapas.

A Bierce también lo podemos considerar el padre del plot twist. Casi todos sus relatos destacan por ese final que, literalmente se resuelven en el último párrafo. Se dice que Rod Serling acostumbraba recomendárselo a los guionistas del serial televisivo The Twilight Zone, serie que adaptó Un suceso en el puente sobre el río Owl. Quizá por eso, el mayor plot twist fue el que él protagonizó en sus últimos años de vida.

Tras publicar El Diccionario del Diablo en 1906, trabajo satírico con el que proponía nuevas e irónicas interpretaciones a varias palabras del idioma inglés, Bierce decidió irse de viaje por el corazón de Estados Unidos.

En ese viaje repasó todos esos lugares en los que peleó. «Carcosas personales» convertidas en monumentos históricos que, de nuevo, pretendían vender como éxito a las nuevas generaciones esos fracasos de los viejos. Tras terminar el viaje, sin explicación, cruzó la frontera de El Paso y llegó a Ciudad Juárez. Ahí contactó con la gente de Pancho Villa y, según la leyenda, se ofreció como cronista.

Mandó algunas cartas a amigos y familiares en los meses posteriores. Por ello se sabe que a sus 71 años, participó en la Batalla de Tierra Blanca, llegó a la ciudad de Chihuahua y que, luego del 26 de diciembre del 1913, simplemente desapareció.

Obviamente hay muchas historias sobre su paso por México. Todas ellas llenan los huecos con coloridas ficciones sobre ese asmático viejo que seguía a Villa en sus gestas y libreta en mano. La más famosa es la que publicó Carlos Fuentes en 1985: Gringo Viejo. Su primer best-seller internacional, adaptado en una película estrenada en 1989.

Bierce apuntó en Un Habitante de Carcosa que hay muchos tipos de muerte: “En algunas, el cuerpo perdura, en otras se desvanece por completo con el espíritu”. En su caso, su cuerpo fue el que desvaneció por completo, pero su espíritu perdura y no como un fantasma, sino como mito.

Y sí, vaya que se nos va la vida explorando esas varias Carcosas que forman parte de su ya inmortal legado.