Por Dr. Beltrán

Para entender la vida y cómo se forma tardaríamos muchos años hasta para conocer lo más básico, la célula. Pero el microcosmos bajo el microscopio y poder identificar a los seres vivos, es sorprendente. Se le denomina microbio (del griego "micro"  que significa diminuto y "bio" que significa vivo), a todo ser que sólo puede verse con un microscopio. De ahí, se clasifican en seres de muchas o pocas células, es decir pluri o unicelulares.

Las bacterias son seres de una sola célula que pueden tener formas caprichosas como esferas, barras o de forma helicoidal, conocidos como cocos, diplococos, estreptococos, estafilococos, bacilos o espirilos. Se piensa que son los seres vivos más comunes en el universo y que pueden sobrevivir a condiciones extremas de temperatura, presión e incluso, sin oxígeno.

cocos

Las bacterias pueden ser útiles en distintas circunstancias, como fijar el nitrógeno en los terrenos de cultivo o generar un pH adecuado en el tracto vaginal. Aunque también pueden ser malignas y enfermarnos de cólera, por ejemplo. Fue Christian Gottfried Ehrenberg quien utilizó el término bacteria por primera vez.

Una vez que fue desechada la teoría de la generación espontánea, los microscopios de los investigadores del siglo XVIII se dedicaron a buscar seres diminutos causantes de la putrefacción de los llamados caldos esenciales. Así encontraron a las bacterias, organismos simples constituidos por una cápsula externa, una pared celular, una membrana citoplasmática y un citoplasma. Tanta ciencia no les parecerá interesante a todos, así que mejor veremos cómo es que nos enferman.

Cuando la bacteria entró en el organismo, debe librarse del primer mecanismo de defensa, los leucocitos o macrófagos. Estas células son especialistas en "comer" células muertas o bacterias, algo así como un barredor del organismo. Los leucocitos tienen varias formas de atacar, una de las más mórbidas en la fagocitosis, que es literalmente comer al enemigo. Esto lo logra plegando su pared celular, formando una especie de burbuja (a la cual llamamos vacuola), como si fuera un pac-man y así rodea a la bacteria invasora.

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Si las bacterias logran pasar esta línea de defensa, hay una más simple llamada Vía de Complemento. Esta forma una especie de agujeros en la pared de la bacteria, haciendo que salga su contenido, o sea su citoplasma. Esto, por supuesto, es mucho más complejo, pero participan moléculas  en señal de alarma para todo el sistema inmunitario.

colera
Líquido blanquesino, "agua de arroz", uno de los síntomas del cólera

Cuando la bacteria es demasiado afortunada y sobrevive a todo esto, llega a un sitio donde se "pega" a las paredes, por ejemplo en la vejiga o el tracto respiratorio para iniciar su multiplicación. Algunas poseen toxinas que generan fiebre, dolor de cuerpo, sangrados, diarrea y demás complicaciones para el cuerpo. Hay reacciones donde se presenta dolor estomacal, náuseas, mareos, vómitos extremos y diarrea intensa con evacuaciones líquidas de color blanquesino, donde el sujeto pierde electrolitos y se deshidrata, lo que podría llevarlo a la muerte en cuestión de horas, todo esto en el caso del cólera. 

En otros casos las bacterias generan aumento en la secreción de moco en la vía respiratoria. Entonces llegan más células de defensa que se mezclan con el moco y se forma una secreción purulenta que dificulta la entrada del aire de forma adecuada en los pulmones. La defensa natural del organismo es toser y expulsar la flema, sin embargo no siempre lo logra y la secreción sigue acumulándose en la parte baja del pulmón, causando neumonía.

CistitisComo otro ejemplo, las bacterias suben por el tracto urinario y gracias a una serie de "pelitos" o flagelos llega a la parte más alta del riñón. Ahí comienza su multiplicación y generación de toxinas, haciendo que el paciente experimente fiebre, ardor al orinar y cambios en la coloración de la orina. A esta infección la conocemos como pielonefritis cistitis o cistitis hemorrágica. 

El lado amable de las bacterias será motivo de otra publicación más adelante.