por Roberto Coria

Cuando ustedes lean esto, habré terminado mi primera sesión en el taller Crimen, literatura y ciencias forenses. Fui invitado para impartirlo en el marco de la Feria del Libro de San Luis Potosí por la Dirección de Publicaciones y Literatura del gobierno local. Ante un público mayormente integrado por estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad del estado, traté de conciliar los mundos en que me muevo, tan disímiles en apariencia. Siempre me animan las sabias palabras del eminente criminalista mexicano Rafael Moreno: “la razón y la imaginación son los ojos de la inteligencia”.

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En el inicio de mis clases sobre ciencias forenses siempre he defendido los ejemplos literarios que las anticipan, desde William Shakespeare y la tragedia isabelina hasta Voltaire, adalid del pensamiento lógico. A Moreno le debo, entre muchos textos sobre Criminalística, Balística Forense y Metodología Científica, el estupendo ensayo Sherlock Holmes y la investigación criminalística (INACIPE, 2009), el cual utiliza los mejores momentos de las 4 novelas y 56 cuentos que Arthur Conan Doyle escribió sobre Sherlock Holmes, el príncipe de los detectives de ficción. El propio Doyle reconoció con el disfraz del desdén la importancia de Auguste Dupin, una de las más relevantes creaciones de Edgar Allan Poe, en la concepción de su personaje como su más notable modelo. En Estudio en escarlata, el primer caso de Holmes, el Dr. John Watson ve cortado de tajo su entusiasmo al compararlos.

–Sin duda cree usted halagarme estableciendo un paralelo con Dupin- apuntó. –Ahora bien, en mi opinión, Dupin era un tipo de poca monta. Ese expediente suyo de irrumpir en los pensamientos de un amigo con una frase oportuna, tras un cuarto de hora de silencio, tiene mucho de histriónico y superficial. No le niego, desde luego, talento analítico, pero dista infinitamente de ser el fenómeno que Poe parece haber supuesto-.

Poe seguramente tuvo presente a Eugene Francois Vidocq (1775-1857), el delincuente convertido en policía que fundó la Sûreté, el primer cuerpo policíaco plenamente constituido de Francia. Aunque Vidocq tenía más de intuitivo y visceral que el analítico y metódico personaje creado por Poe, no podemos evitar reconocer sus méritos: empleó el disfraz como un medio para infiltrarse en la comunidad criminal, conformó un amplio archivo con los datos de todos los delincuentes que conocía, incluyendo su aspecto físico, sus sobrenombres y su mode operateur. Su autoridad, revocada en 1833 –ocho años antes de la primera aventura de Dupin, publicada el mes de abril de 1841 en la revista norteamericana Graham-, delimitó la llamada Era equívoca de la investigación policial. A pesar de ello es recordado como un héroe y fue interpretado en el cine por el más talentoso actor de Francia. Poe anticipó el espíritu de la llamada Era científica, representado en la figura del funcionario administrativo Alphonse Bertillon (1854-1914), quien creó en 1879 el método que significó el matrimonio de la Antropología física y la pesquisa policial bautizado como Bertillonage. Sus contemporáneos consideraron la técnica como el invento más grande y genial que la ciencia de la investigación criminal efectuó en el siglo XIX. Tras el éxito de su procedimiento, Bertillon estableció el novedoso Service d´identification de la Prefectura de Policía y ganó el grado de Chevalier de la Legión de Honor de Francia.

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Las ciencias forenses, como las conocemos hoy en día, iniciaron en la Francia donde Poe ambientó las andanzas de su detective. Pero el espíritu de la investigación criminal de finales del siglo XIX fue cristalizado en la disciplina conocida como Criminalística, término acuñado en 1894 por el juez de instrucción Hans Gross, quien estaba convencido –como el Ichabod Crane de le película de Tim Burton- que la resolución de los crímenes debía realizarse mediante la intervención de los conocimientos científicos.

Johnny Depp in "Sleepy Hollow"
Johnny Depp in "Sleepy Hollow"

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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor literario de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Condujo el podcast Testigos del Crimen y escribe el blog Horroris causa, convertido ahora en un programa radiofónico que recién concluyó su primera temporada de vida. En sus horas diurnas es Perito en Arte Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.