por Patricio Bidault

 

Nuestros propios sueños nos han fascinado a tal grado desde que poseemos la habilidad de contárnoslos mutuamente, que nos cuesta trabajo considerarlos como lo que son: “simples estímulos cerebrales que toman pensamientos e imaginería al azar de nuestros recuerdos”[1], y les otorgamos funciones más importantes, más espirituales, como una vía de comunicación con otros seres o mundos. Y es que es común soñar a nuestros seres queridos—los que están lejos, o, acaso, los que ya no están—. O también, como una fuente de respuestas a nuestras inquietudes más profundas. Y es que es común soñar la solución a un problema—a veces, incluso, se sueña con la solución correcta—. A algunos, sus sueños los transportan al pasado. A otros, al futuro; juran que en la vigilia viven cosas que ya soñaron y hasta le asignan un término que suena exóticamente asiático, pero en realidad es francés. Algunos sueñan con Dios.

Cuando los poetas sueñan, la humanidad celebra. Los griegos y los romanos ya teorizaban de los sueños en poesía, al igual que algunos de los múltiples autores de la Biblia. Como género literario, la poesía del sueño se popularizó en la Edad Media europea con obras como la francesa Romain de la Rose, de Guillaume de Lorris, que después sería traducida al inglés por Geoffrey Chaucer cuando el género cobró gran interés en Inglaterra. Interés que resultó en obras como El parlamento de las aves, del mismo Chaucer, Pearl, de anónimo autor, y Piers Plowman, de William Langland. Más adelante, en la Inglaterra post-Shakespeare, John Bunyan escribió El progreso del peregrino. Tras desaparecer por unos siglos (aunque no por completo), resurge brevemente durante el romanticismo con visiones como la de Samuel Taylor Coleridge (con un empujoncito opioide) del fastuoso palacio que Kubla Kahn se mandó construir en Xanadú. Hoy en día es muy mal visto que una obra resulte en que “todo fue un sueño”, a menos que uno sea Christopher Nolan, pero sigue siendo una herramienta narrativa muy útil para el escritor perezoso cuando necesita un deus ex machina. Es una rareza encontrarse una historia que tenga al sueño como el elemento principal de su narrativa. El décimo Final Fantasy (2001) es una de esas rarezas, y de una manera que recuerda más al realismo mágico que a El origen.

Después de que una enorme bestia marina llamada Sin destruye Zanarkand, la ciudad donde vive Tidus, un joven y arrogante atleta, este despierta en una tierra extraña llamada Spira donde es costumbre que Sin destruya ciudades y mate a sus habitantes indiscriminadamente y sin advertencia. No será fácil para Tidus regresar al lugar de donde viene: quienes viven en Spira creen que fue destruido un milenio atrás; y no por Sin, sino por una guerra con otro país: al verse derrotados, los ciudadanos de Zanarkand quisieron preservarla y permitieron que su líder espiritual, Yu Yevon, los transformara en estatuas—que colectivamente se llaman fayth—que perpétuamente sueñan un Zanarkand, y a sus habitantes, en una existencia hedonista, y lo han hecho por mil años. Es decir, Tidus fue creado en un sueño y expulsado al mundo real. Así, Final Fantasy X pone de cabeza este tipo de narrativa, en la que comúnmente un personaje del mundo de la vigilia visita el mundo de los sueños.

Desde el principio, en la década de los ochenta, los elementos medievales han estado presentes en Final Fantasy. La historia y el diseño de la mayoría de los nueve juegos anteriores—que comparten características, mas no una narrativa—ocurre en un marco medieval europeo con elementos tolkienianos fantasiosos: castillos majestuosos, armas legendarias y seres sobrenaturales. A partir de Final Fantasy VI, se agregó la tecnología a la mezcla: las máquinas eran utilizadas para drenar la magia del mundo y usarla como combustible y pólvora para la guerra. En Final Fantasy VII ya había urbes modernas superpobladas, armas de fuego y vehículos motorizados, mezcla de medievalismo y modernidad que permeó los dos juegos siguientes. Temerosos de estancarse en un solo estilo, los desarrolladores crearon el mundo de Spira para Final Fantasy X; dejaron atrás la influencia europea y tomaron locaciones asiáticas del Pacífico sur, Japón y Tailandia como modelo. Los castillos abrieron paso a los templos y los caballeros a los guerreros estilo samurái. Las ideas culturales sobre la vida y la muerte, así como las criaturas que existen en el juego, “referencian leyendas y tradiciones asiáticas”.[2] Si hubiera un juego en esta larga nomenclatura que podía basar su narrativa en aquellas de la cultura asiática sería este, pero Final Fantasy, igual que la fascinación por los sueños, siempre ha sido multicultural. Así, aunque quizá la idea de que alguien creado en un sueño visite el mundo de la vigilia tenga diversas fuentes, podemos identificar elementos claros de la poesía del sueño de la literatura medieval europea en la visita de Tidus a Spira.

Por supuesto está el romance entre él y Yuna, tema principal de los ejemplos tempranos de la poesía del sueño, que tenían corte de amor cortés, como Romain de la Rose. Yuna es una  summoner (convocante), llamada así por ser capaz de llamar y poner a su servicio Aeons, enormes seres sobrenaturales, armamento indispensable para derrotar a Sin, batalla en la que, según el rito, Yuna morirá invariablemente y cuya victoria será sólo parcial: la bestia marina reencarnará diez años más tarde, ciclo que ha gobernado Spira por mil años. Para esto se embarca en un peregrinaje cuyo comienzo coincide con la llegada de Tidus, quien pronto se une a su grupo de protectores. Durante sus viajes, los jóvenes se enamoran, y cuando Tidus se entera de que Yuna se dirige a una muerte segura y prematura, jura encontrar una manera de evitarlo. Así, el peregrinaje de Yuna es, simultáneamente, el de Tidus. Éste, como los caballeros del amor cortés, desecha sus vicios y asume nuevas virtudes para convertirse, de un joven atleta ególatra y envidioso, en el héroe que derrota definitivamente a Sin, (cuyo nombre significa “pecado”: metáfora tan obvia que no necesita explicación), en un sacrificio epítome del altruismo: el fayth deja de soñar, y el Zanarkand de Tidus desaparece junto con él, dejando a Yuna, y a los seres queridos que le quedan, en Spira. Pero la narrativa es más complicada que una simple historia de amor.

La crítica a la iglesia es muy similar a la que encontramos en la poesía medieval europea. Romain de la Rose está plagado de comentarios ácidos contra aquellos representantes eclesiásticos que utilizan la fe de los peregrinos para auto enriquecerse o para ser moralmente corruptos. Geoffrey Chaucer no lo perdona en sus Cuentos de Canterbury, especialmente cuando habla—precisamente—del convocante. En Spira hay una religión monoteísta y única entre los habitantes de toda la tierra, y quienes no la siguen son tachados de herejes. Rinden culto a Yu Yevon, aquel líder espiritual de Zanarkand. Parte de dicho culto es el rito de peregrinaje en el que Yuna y demás convocantes deben morir para derrotar a Sin con la esperanza de que no vuelva tras una década. Los protagonistas descubren que dicho rito fue creado por la iglesia de Yu Yevon para asir la esperanza de sus seguidores mientras sus representantes gozan de poder y riqueza. La manera real de derrotar a Sin es destruyendo al Yu Yevon que vive en él, es decir, al símbolo de la falsa religión de Spira que, cuando el jugador finalmente lo enfrenta, descubre que ha abandonado su forma humana para adquirir la de un parásito.

Para ver qué tanto los elementos de la narrativa de Final Fantasy X podrían caber en una definición de poesía del sueño, podemos tomar una que hace Encyclopedia.com en la que ofrece cuatro características generales del género, y que basa en varios artículos académicos:[3] el prólogo, la trama, el guía y el epílogo.

“Primero, los poemas del sueño suelen usar un prólogo que consiste de un recuento de los eventos que llevan al narrador a tener el sueño”. En Pearl, el soñador visita el punto exacto en el bosque donde perdió su perla (objeto de múltiples interpretaciones), donde la tristeza, la época del año y el perfume de las flores le provocan un pesado sueño y se queda dormido; el protagonista de Piers Plowman, después de caminar un largo trecho, se tiende a descansar junto a un río y es arrullado por el correr del agua; el soñador de El parlamento de las aves se queda dormido leyendo. Ya vimos que Final Fantasy X pone de cabeza esta fórmula. Si se invierte, el prólogo ocurriría cuando el protagonista está en un sueño y terminaría en la vigilia: Sin ataca el Zanarkand de Tidus, y éste despierta habiendo sido expulsado del sueño colectivo del fayth. El diálogo sostiene esta lectura: “Pensé muchas cosas, como dónde estaba”, dice en un voice-over, una vez que despierta en Spira “En qué me fui a meter. Empecé a sentirme mareado... y luego, adormilado. Creo que tuve un sueño.”

La trama de la poesía del sueño, dice el segundo punto de Encyclopedia.com, consiste principalmente en el recuento del sueño por parte del narrador. Aquí no hay mucho que discutir, fuera de la inversión de la fórmula: el “sueño” de Tidus es la vigilia y perdura hasta el final, cuando, una vez que él y su grupo tienen éxito, las estatuas del fayth, exhaustas de soñar por un milenio, descansan. Su sueño se extingue, y Tidus con él. Si bien los protagonistas de las obras de la poesía del sueño despiertan y siguen con sus vidas, podría decirse que Tidus no, que desaparece del todo, pero tendría que ignorarse un elemento más que será tratado en la cuarta característica.

El protagonista o soñador suele tener un guía. Pearl es casi exclusivamente un diálogo entre el soñador y esta figura, en forma de la doncella de la perla; el soñador de El parlamento de las aves tiene a Escipión el Africano; Will, en Piers Plowman, tiene múltiples guías a lo largo de sus múltiples sueños. De igual manera, Tidus es constantemente acompañado por varios guías: los personajes que conforman el grupo de guerreros que batallan contra Sin. Todos cumplen dicha función en un momento u otro, ya sea para explicar las costumbres de la tierra de Spira, nueva y extraña para el protagonista (y para el jugador), sus rituales y su historia. Sin embargo, es Auron, el guerrero-samurái, quien, además de ser su principal maestro de batalla, le revela la información más importante: su naturaleza de sueño encarnado, la verdad sobre Sin, y su conexión con él.

La cuarta y última característica nombrada por Encyclopedia.com es que, frecuentemente, la poesía del sueño presenta un epílogo en el que el soñador  despierta e interpreta lo que soñó. En la fórmula invertida de Final Fantasy X, por lo tanto, el epílogo ocurre en un nuevo sueño, en una escena muy breve tras los créditos: vemos a Tidus que despierta bajo el agua, nada hacia arriba y, cuando está por salir a la superficie, la pantalla se emblanquece. Ahí dejan la escena para que la interpretemos. Hay una consideración que hacer: la escena evoca otro momento, muy al principio, aún en el prólogo. Aquel en el que Tidus cae de una gran altura, tras el ataque de Sin a Zanarkand, justo antes de ser transportado a Spira cuando la pantalla, también, emblanquece.

Es claro que los desarrolladores no tomaron el diseño de su juegos a la ligera y estudiaron distintas disciplinas artísticas para armarlo; diversos tipos de arquitectura e historia para el diseño del mundo que nos presentan y nos dejan habitar brevemente. Pero también para elementos invisibles, como sus narrativas, que también nos dejan habitar brevemente. Aunque la clasificación de Encyclopedia.com peque de ser un tanto general, es indudable que elementos como la estructura, la historia de amor cortés y las críticas del monopolio religioso, pertenecen, por lo menos, a un tipo de literatura, y la poesía medieval del sueño resulta ser un buen candidato.

 

Enero, 2018

[1] Sander van der Linden, “The Science Behind Dreaming”, Scientfic American, July 26, 2011 [en línea].

[2] “Themes”, Final Fantasy X, Final Fantasy Wiki (consultado el 11 de enero de 2018), http://finalfantasy.wikia.com/wiki/Final_Fantasy_X

[3] "The Medieval Dream Vision", Arts and Humanities Through the Eras, Encyclopedia.com. (Consultado el 11 de enero de 2018). http://www.encyclopedia.com/humanities/culture-magazines/medieval-dream-vision